MISCELÁNEA REILLO

Un poco de todo, como el universo Reillo. Pintura, poesía, mis pensamientos...

sábado, 26 de mayo de 2012

MI BIOGRAFÍA: Como nace el Universo Reillo


LA NIÑA DEL INVIERNO

U
n año, como todos los años, comienza el invierno y nace una niña blanca; llega a un mundo extraño al que no pertenece. Una niña tímida y con miedo, con terror a los demás seres de este mundo, tan humanos, tan lejanos.
Con 8 años es acusada de inteligente, estigma que marcará su vida, con pocos amigos y el rechazo de los demás, de profesores, de alumnos… su refugio es el dibujo, su primer recuerdo unos lápices de cera dura hexagonales en una guardería de la que saldría a los 4 días.
Trascurre su infancia entre anemias, infecciones, debilidad, fiebres reumáticas… un problema de oídos hace que baje su nivel auditivo provocando más aislamiento, es operada de un hundimiento de tímpanos.
Cubierta de problemas psicológicos, como falta de sociabilidad, canino-fobia, pesadillas recurrentes, personalidad ciclotímica, y rarezas, nadie entiende que esta niña especial es en realidad de una nueva generación (adelantada a su tiempo) de niños “índigo”, diferentes, distintos, premonición de los nuevos tiempos, de la tecnología, del despertar espiritual, del progreso de la mente.

Corsé flamenco
Con 13 años, en pleno desarrollo, la vida se muestra si cabe mas dura; diagnóstico cifoescoliosis, solución: 3 meses de ingreso y tortura en un sanatorio de paredes blancas y 5 años (como Frida Khalo) con un espantoso aparato, un corsé ortopédico con el que parecía un robot, y junto con el acné, un verdadero monstruo. Entonces la sociedad se revela, más cruel aún; hipocresía, mentiras, mas rechazo, aislamiento, soledad, discriminación… pero hay una belleza en rededor que desea captar en sus papeles. Estudia con desgana y de rodillas, a pesar de ello consigue sacar el curso al que apenas ha asistido y sigue adelante ante las exigencias de su padre. Los veranos son tristes, solo puede mirar como los demás niños disfrutan de sus baños y movimientos libres, mientras lo único libre que ella tiene es su mente bulliciosa.

Bodegón
Con 15 años en plena adolescencia sus hormonas se revuelven y confunden, un problema en las cápsulas suprarrenales, alteran su físico y su conciencia. Síndrome de androgenización mixto es el nombre para una enfermedad calificada de “rara”. A esa edad, la confusión física y psicológica se adueña de una niña que no sabe si lo es. Se encierra cada vez más en su mundo interior expandido, que la abarca toda. Después de muchos hospitales, muchas pruebas, la enfermedad tiene un rostro conocido. Entonces empieza a desaparecer el miedo, ya no importa lo que vean los demás, lo que piensen, lo que opinen… solo estar viva es esencial. Ante la sospecha médica de un cáncer todo se vuelve terrible, difícil, y la desorientación de los doctores hace más cruel la espera. Al fin la respuesta de lo desconocido: _ Será genético, hereditario, congénito. Y la duda de si su personalidad altera su cuerpo o su organismo defectuoso modula su forma de ser.

Con 18 años se despoja de aquella prisión de plástico y aluminio, aquellas correas de cuero que rodean su cuerpo y sus sueños. Ese verano de liberación supone lanzarse por primera vez a otros brazos y otras caricias ajenas a las suyas propias; bailar, besar, nadar, dejarse bañar por el sol y las estrellas. Por aquel entonces hereda los óleos, el caballete y los pinceles de su madre, que abandona la pintura. Su primer cuadro, un bodegón.


Cuando llega a la Universidad, libre ya casi de su condena metálica, quiere estudiar Bellas Artes, pero su padre argumenta que de eso no se puede vivir, no es una profesión seria, y en su interior, cierto machismo le dice que su hija no debe conocer la vida bohemia de los artistas… estudia Farmacia, interesante, el misterio de la vida es apasionante, la botánica, la biología, la alimentación, y hasta la química tiene su encanto.

Primavera
   La imaginación y la creatividad afloran constantemente, empieza a escribir con 13 años, diarios personales donde va entremezclando la realidad con los sueños, con sus pensamientos quebrados y sus sentimientos doloridos. Y poco a poco la poesía va conquistando a la niña de las nieves. Sus sueños vívidos son para ella parte de la realidad, tan claros, llenos de colores y experiencias, consigue dominar las pesadillas y convertir sus monstruos en seres amantes y complacientes. Sueños programados, sueños místicos (ella siente que Dios está cerca, un Dios moldeado a su propósito, magnánimo, excelso, generoso y de un amor infinito e incomprensible), sueños eróticos, dulces, apasionados, escondidos…

         Cuando acaba la carrera, continua estudiando, apuntándose a cursos de alimentación y salud, comienza a trabajar en una clínica de adelgazamiento, después con un cirujano plástico y más tarde decide montar su propio negocio, un herbolario que le durará 4 años. Estudiante compulsiva, autodidacta, sigue cursos de egipcio clásico (una de sus pasiones), fitoterapia, pintura, poesía, marketing, publicidad, informática, astrología…
         Contra todo pronostico, sorprendiendo a todos se casa a los 26 años, con un hombre ignorante e inculto, con quien ella se siente segura. Vive una vida regular y vulgar que para ella es excepcional, fuera de sus expectativas, nada programado en sus anhelos y algo que no se planteó nunca, la vida familiar que veía en los demás tan extraña para ella, ahora era suya y como en un teatro actúa de esposa y ama de casa (algo para lo que no fue educada, por decisión de su padre y pesar de su madre, típica esposa y madre). Se siguen viajes, salidas a comer, una vida distraída y rodeada de amigos sencillos. Cuatro años después, tras una decisión meditada, y aunque los endocrinos no creían en la posibilidad después de más pruebas y análisis, tiene a su hijo, experiencia única y quizá de las pocas en que se ha sentido real y viva. Dolor con recompensa tan distinto de lo conocido… su hijo, su milagro, su “opus magistra”.

Unidos
Yo con mi hijo
Mi hijo conmigo
Sin cortar el cordón
Que nos tuvo unidos
Nueve meses
Ombligo a ombligo.



Un hijo que llenaba la vida familiar que había creado, aquel teatro de ficción, que no tardó en cerrar el telón, sus sueños irreales de vida familiar se rompen. Poco después se separa de aquel hombre insípido y vive la adolescencia que nunca tuvo. Entre juicios, depresión, pena y abandono (su marido, sus padres, sus amigos…), culpa, lucha y supervivencia; la imaginación se le desborda, conoce otros artistas (pintores, escultores, fotógrafos, poetas y músicos), bebe de las copas de bohemia que su padre quiso esconder en lo obscuro de la alacena del olvido, descubre que la envidia y la admiración caminan juntas, que el sexo tiene espíritu, y que el placer camina junto al dolor. La ansiedad es tan creativa que simula un dolor de parto, tras él quedan los hijos de telas blancas, enmarcados en bastidores de ilusión.
OVOGÉNESIS

         
Tras este periodo de locura, de nostalgia adolescente, de amantes (un pintor sádico, un escultor vigoroso, un anticuario tímido, un taxista engreído…), de creatividad desmedida; la niña tímida de frío, descubre el calor de su hijo, de su casa, de la vida, aprende a pasar desapercibida en esa jungla ajena de edificios grises y gente vacía. Se refugia en su hogar sagrado, lejos de los falsos bohemios y del arte imposible. Como un muerto en vida, discurren sus días entre depresión, terapia y trabajo; intentando conseguir una estabilidad ante el terremoto que se mueve bajo sus pies.



DESNUDO VERDE
Se vuelve a casar de nuevo, quizá un poco decepcionada por la vida, sin elegir apenas, pensando que no habría hombre adecuado para ella, escogió el camino más fácil, alguien que le llevase de la mano por las sendas cotidianas que para ella son agrestes caminos. Los problemas no tardaron en llegar, la forma de ver la realidad de aquel hombre, alterada, paranoica, obscura, tan cruda… chocaba de frente con su onírica concepción de ésta. Todo era asquerosamente real con él, demasiado práctico, auténtico, terrenal, además de ser un vampiro emocional que no entiende de valores morales, creativos, intelectuales ni espirituales. La niña se agota estrangulada por su decadente autoestima, cada vez más machacada, cada vez más humillada. Cuando la última gota colma el vaso se separa de nuevo con 39 años, defraudada, hastiada, triste, y se abre de nuevo el abismo de la incertidumbre.


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